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martes, 13 de septiembre de 2011

El 58% de los franceses duda de la versión oficial sobre los atentados del 11 de septiembre

Encuesta HEC Jr Conseil para la asociación ReOpen911

Nuestros lectores conocen la creciente diferencia entre el enfoque de la clase dirigente francesa sobre el 11 de septiembre y el que existe en los países independientes de Estados Unidos. El mundo se ha dividido entre dos interpretaciones totalmente opuestas del mismo hecho. Un sondeo realizado por HEC Jr Conseil para ReOpen911 muestra que esa misma diferencia está apareciendo en Francia entre la clase dirigente y la población.

Diez años después de los hechos, ¿cómo ven los franceses lo ocurrido el 11 de septiembre de 2001?

Gracias a las donaciones de sus miembros y simpatizantes, la asociación ReOpen911 pudo encargar à un organismo independiente la realización de un sondeo sobre la cuestión y hoy tenemos el placer de presentar los resultados de dicho sondeo.

Dos investigaciones de ese tipo se hallaban hasta ahora disponibles en Francia: una realizada por TNS Sofres / Logica para NouvelObs.com y otra realizada por WorldPublicOpinion en 17 países, entre ellos Francia. Ambas investigaciones databan de septiembre de 2008. Ya contaban por lo tanto 3 años y las preguntas planteadas en aquella época no permitían evaluar con precisión el escepticismo que despertaba la tesis oficial sobre el complot.

Para el décimo aniversario de los atentados del 11 de septiembre, la asociación ReOpen911 encargó por lo tanto la realización de un nuevo sondeo de opinión, tarea que puso en manos de HEC Junior Conseil (HEC París), empresa que la publicación mensual francesa l’Expansion clasificó en 2009 como perteneciente a la primera línea de la categoría Junior-Entreprises y que ha sido sistemáticamente finalista del premio de excelencia C.N.J.I. desde 2004. El sondeo se llevó a cabo en junio de 2011 entre un grupo de personas representativo de la población francesa [1].

El nuevo sondeo constituye una mina de información sobre el estado de opinión de los franceses en cuanto al tema del 11 de septiembre de 2001.

¿Qué piensa usted sobre la versión oficial de los atentados del 11 de septiembre?

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Las cifras esenciales:

El 58% de las personas interrogadas expresa dudas sobre la versión oficial, frente a sólo un 31% que dice no tener dudas.

Casi la mitad de las personas interrogadas (el 49%) sospecha que las autoridades de Estados Unidos permitieron deliberadamente la realización de los atentados.

Un tercio de las personas interrogadas (el 34%) sospecha que las autoridades de Estados Unidos estuvieron implicadas en la realización de los atentados.

El 49% de las personas interrogadas se declara favorable a la realización de una investigación independiente para obtener más información sobre los hechos del 11 de septiembre de 2001.

Sólo un 28% de los franceses estima que los medios de difusión informaron de la manera más completa posible sobre los atentados del 11 de septiembre.

Sólo un 14% de los franceses saben que fueron 3 los rascacielos destruidos el 11 de septiembre de 2001.

Pregunta 1: ¿Diría usted que el 11 de septiembre de 2001 sigue siendo un tema de actualidad?

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Fenómeno notable: 10 años después de los hechos, el 65% de los franceses considera que el 11 de septiembre sigue siendo un tema de actualidad.

A pesar del anuncio de la muerte de Ben Laden, de la retirada de tropas actualmente en marcha en Irak y de la retirada anunciada en el caso de Afganistán, a pesar de las revoluciones árabes y, en general, de la gran masa de acontecimientos que está marcando este año 2011 –crisis económica, desastre nuclear de Fukushima, etc.– los franceses no ven los hechos del 11 de septiembre de 2001 como un tema agotado.

Pregunta 2: ¿Piensa usted que la administración Bush haya dicho todo lo que sabía sobre los atentados del 11 de septiembre?

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El periodista Eric Laurent, autor de grandes reportajes y específicamente de una profunda investigación sobre el 11 de septiembre, calificó en su momento el 11 de septiembre como «un conjunto de mentiras rodeado de misterio» (France 2, «On a tout Essayé», programa transmitido el 7/06/03, minuto 01:35). Hoy en día, el 72% de los franceses piensan que la administración Bush no dijo todo lo que sabía sobre aquellos hechos.

Comparación con el sondeo alemán TNS Emnid realizado en 2011 para la revista Welt der Wunder. En ese sondeo se preguntaba lo siguiente: «¿Cree usted que el gobierno estadounidense haya dicho toda la verdad sobre los atentados de 2001?».

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El porcentaje de escépticos es más elevado aún en Alemania, donde el 89,5% de la población piensa que el gobierno estadounidense no dijo toda la verdad. Lo mismo sucede en Estados Unidos, donde en 2006 el 81% de la población pensaba que los miembros de la administración Bush no habían dicho toda la verdad (sondeo CBS News / New York Times, octubre de 2006) [2].

Pregunta 3: ¿Qué piensa usted de la versión oficial sobre los atentados del 11 de septiembre?

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El 58% de las personas interrogadas expresa dudas sobre la versión oficial, frente a sólo el 31% que dice no tener dudas.

En un contexto en el que se combate con violencia toda expresión pública de algún tipo de duda, incluso prudente, este resultado resulta por lo menos sorprendente. El escepticismo que despierta la versión oficial sobre el complot resulta ser mayoritario, a pesar de que los escépticos son sistemáticamente presentados de forma negativa por los medios de difusión.

Es importante señalar que el escepticismo está registrando un rápido aumento. En 2008, los «escépticos» representaban entre un 20 y un 30% de la opinión francesa (según un estimado de ReOpen911 elaborado con los resultados de 2 sondeos realizados en septiembre de 2008). Tres años después, los «escépticos» han pasado a ser el 58% de la opinión.

Las personas que expresan serias dudas parecen, sin embargo, ser en Francia menos numerosas que en Estados Unidos, donde ya en 2006 un 28% de la opinión consideraba que los miembros de la administración Bush habían «mentido globalmente » (sondeo CBS News / New York Times, de octubre de 2006) [3] contra un 12% en Francia en 2011.

Pregunta 4: ¿Cuántos rascacielos se derrumbaron totalmente en Nueva York el 11 de septiembre de 2001?

Pregunta abierta (sin respuestas predeterminadas)

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Sólo un 14% de los franceses saben que fueron 3 los rascacielos que se derrumbaron totalmente el 11 de septiembre de 2001

A modo de comparación, según un sondeo del Siena Research Institute realizado en mayo de 2011, el 67% de los neoyorquinos saben que un tercer rascacielos se derrumbó el 11 de septiembre de 2001.

Análisis cruzado de los resultados de la pregunta 3 («¿Qué piensa usted de la versión oficial sobre los atentados del 11 de septiembre?») y los de la pregunta 4 («¿Cuántos rascacielos se derrumbaron totalmente en Nueva York el 11 de septiembre de 2001?»):

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El análisis cruzado de los resultados de las preguntas 3 y 4 revela la existencia de una correlación positiva entre la expresión de la duda y el nivel de conocimiento sobre los atentados del 11 de septiembre. En efecto, el 69% de las personas interrogadas que tienen conocimiento del derrumbe del edificio conocido como WTC7 expresan dudas sobre la tesis oficial del complot (serias dudas: 19,5%, algunas dudas: 49,5%). En cambio, la expresión de la duda cae al 56,5% entre las personas interrogadas que no saben del derrumbe de ese tercer rascacielos (serias dudas: 11,5%, algunas dudas: 45%).

Pregunta 5: Durante los últimos años, ¿diría usted que los medios más bien han difundido la versión oficial o que han informado de la manera más completa posible?

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Sólo un 28% de los franceses considera que los medios han informado de la manera más completa posible sobre los atentados del 11 de septiembre.

Resulta interesante comparar ese resultado con el barómetro TNS-Sofres / La Croix de 2011 que revela que un 40% de los franceses consideran que la calidad de los medios de difusión tiende más bien a deteriorarse, contra un 20% que afirma que tiende más bien a mejorar.

Pregunta 6: ¿Qué piensa usted de esta hipótesis? Las autoridades de Estados Unidos supieron de los atentados antes de los hechos y permitieron su realización.

Pregunta 7: ¿Qué piensa usted de esta hipótesis? Una parte de las autoridades de Estados Unidos estaban implicadas en la realización de los atentados.

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Cerca de la mitad de las personas interrogadas (el 49%) sospechan que las autoridades de Estados Unidos permitieron deliberadamente la realización de los atentados.

Un tercio de las personas interrogadas (34%) sospechan que una parte de las autoridades de Estados Unidos estuvieron implicadas en la realización de los atentados.

Pregunta 8: ¿Sería usted favorable a:
- Un profundo debate público sobre esos hechos?
- Una investigación independiente para obtener más información sobre esos hechos?

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Un 37% de los franceses se declara favorable a un profundo debate público sobre esos hechos.

Un 49% de los franceses se declara favorable a una investigación independiente para obtener más información sobre esos hechos.

Hay que señalar que cerca de la mitad de los habitantes de Nueva York (48%) también se declaran favorables a la realización de una nueva investigación, específicamente sobre el derrumbe del Edificio 7 (sondeo del Siena Research Institute, mayo de 2011).

Las conmemoraciones orwellianas del 11 de septiembre anuncian nuevas guerras


El décimo aniversario de los atentados del 11 de septiembre de 2001 da lugar a una profusión de artículos, documentales y programas audiovisuales tendientes a certificar la versión bushiana de aquellos hechos en momentos en que la opinión pública mundial se ha hecho mayoritariamente escéptica. Thierry Meyssan, iniciador y promotor del debate mundial sobre la interpretación de los atentados, ve en esta gigantesca campaña mediática el último intento del sistema imperial por preservar su aparente legitimidad y justificar sus próximas guerras.

Red Voltaire | Beirut (Líbano)
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Nicolas Sarkozy: «Han pasado 10 años que no han borrado el recuerdo de aquellos destinos rotos y todos los franceses recuerdan lo que estaban haciendo aquel 11 de septiembre, tanta fue su conmoción ante lo que ustedes estaban viviendo. Y en la tarde del 11 de septiembre, en el fondo, nosotros los franceses nos sentíamos más americanos que nunca. (…) La mejor respuesta a aquellos asesinatos masivos y a aquellos asesinos es la liberación de los pueblos árabes, basada en valores que Estados Unidos y Francia siempre han representado, en la democracia.»
©Elysée.

Resulta extraño observar como celebra la prensa occidental el décimo aniversario de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Aunque se trata de un tema que pudiera abordarse desde muy diversos ángulos, se ha impuesto -¿o ha sido impuesta?– una misma consigna. Los medios de prensa rivalizan en la publicación de testimonios sobre una misma pregunta: «¿Qué estaba haciendo usted en aquel momento?»

Ese enfoque demuestra una voluntad colectiva de negarse a ver los hechos con otra mirada, de negarse a analizar aquel acontecimiento y sus consecuencias, de circunscribirse así a la reacción ante la emoción del momento, en otras palabras de no hacer trabajo periodístico sino un show mediático.

La conmemoración se acompaña de dictados orwelianos. Por ejemplo: «¿Cómo se puede dudar de la versión oficial ante el dolor de las víctimas?» o «¡Los que ponen en duda la versión oficial son negacionistas enemigos de la la democracia!»

Es precisamente el respeto a las víctimas –no sólo a las víctimas que encontraron la muerte aquel día en Estados Unidos, sino también a todas las víctimas que han muerto después en las guerras desatadas contra Afganistán, Irak, Libia y en otros países– lo que nos convoca a seguir buscando la verdad en vez de contentarnos con mentiras truculentas.

¿Cómo podemos además mantener viva la democracia sin cuestionar las verdades oficiales y, peor aún, si se recurre a la injuria ante el debate argumentado?

En una serie de artículos publicados en los días posteriores a la realización de los atentados, así como en libros publicados y en conferencias impartidas en los siguientes meses, yo cuestioné la versión bushiana de los hechos y acusé a una facción del complejo militar e industrial estadounidense dominada por los discípulos de Leo Strauss de haberlos gestado. Aunque al principio me sometieron al más total aislamiento y fui vilipendiado por la prensa atlantista, poco a poco logré movilizar la opinión pública internacional, incluso en los propios Estados Unidos, y mis cuestionamientos llegaron, el año pasado, a la tribuna de la Asamblea General de la ONU.

A medida que trataban de contradecir mis argumentos, las autoridades de Estados Unidos iban cayendo en nuevas y mayores contradicciones y la duda ha ido creciendo cada vez más. Hoy en día, los incrédulos son mayoría. Como siempre sucede cuando cambia el viento, los oportunistas tratan de proteger su propio futuro y van distanciándose de la versión que durante tanto tiempo defendieron y que ahora se ve al borde del naufragio.

Así sucedió ayer, cuando los señores Kean y Hamilton, los copresidentes de la Comisión Presidencial sobre los atentados, renegaron de su propio informe. Lo mismo sucede hoy, cuando el señor Clarke, el consejero en antiterrorismo de los señores Clinton y Bush, acusa a sus colegas de esconder la verdad. En 10 años, las autoridades estadounidenses y británicas han sido incapaces de presentar las pruebas que habían prometido ante la Asamblea General de la ONU para justificar su acto de «legítima defensa» contra Afganistán. Lo que sí han demostrado, por el contrario, es que tenían un gran secreto que esconder y han mentido constantemente para mantenerlo oculto.

¿Quién se atrevería a afirmar aún, como lo hiciera Colin Powell ante el Consejo de Seguridad de la ONU, que Sadam Husein fue cómplice de los atentados del 11 de septiembre o, como sostuvo Tony Blair, que Osama ben Laden fue el gestor de los atentados de Londres?

A lo largo de estos 10 años, un creciente número de expertos han venido demostrando las incoherencias de la versión de la administración Bush, defendida por otros expertos. Si los argumentos de estos últimos fuesen convincentes, la polémica se habría extinguido. Pero se trata de un debate que tiene tan poco de científico que la frontera que divide a los expertos es de carácter exclusivamente político. Los expertos que aprueban la invasión de Afganistán y la Patriot Act afirman que las estructuras metálicas de las Torres Gemelas no resistieron el calor de los incendios, que el Edificio 7 [del World Trade Center] era demasiado frágil y que un avión se desintegró dentro del Pentágono.

Por el contrario, los que se horrorizan ante la expansión militar imperial y la legitimación de la tortura consideran imposible que las Torres Gemelas pudieran ser los únicos edificios del planeta en derrumbarse por las causas que supuestamente provocaron su caída, que es imposible que el Edificio 7 se cayera por simple mimetismo y que un enorme Boeing de pasajeros se volatizara dentro del Pentágono…

La versión bushiana del 11 de septiembre de 2001 se ha convertido en dogma central del imperialismo. Se nos exige que lo veamos como una verdad absoluta. Y si no lo hacemos estamos poniendo en tela de juicio el Nuevo Orden Mundial y somos condenados como herejes y cómplices intelectuales del terrorismo.

La frontera puede definirse, en resumen, de la siguiente manera. De un lado se encuentran las élites occidentales o globalizadas que se aferran a la versión oficial mientras que, del otro lado, la mayoría de los pueblos occidentales y el Tercer Mundo denuncian la mentira.

El debate de fondo no es llegar a determinar cómo es posible que un grupo de individuos que no aparecen en las listas de pasajeros que subieron en un avión lograran secuestrar ese avión en pleno vuelo, ni tampoco en determinar cómo es posible que un Boeing 757 plegara sus alas para caber por una pequeña puerta y volatizarse dentro del Pentágono, sino saber si Occidente ha sido blanco a partir de aquel día de un complot islámico mundial o si una facción estadounidense organizó aquellos hechos para lanzar impunemente a la conquista del mundo.

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En París se erigió una réplica de las Torres Gemelas en la explanada del Trocadero, ante la torre Eiffel, en homenaje a las 3 000 víctimas del 11 de septiembre. El embajador de Estados Unidos, el alcalde de la capital francesa y el ministro francés del Interior participarán en la inauguración. No hay nada previsto para conmemorar la memoria del millón de víctimas de las guerras desatadas contra Afganistán, Irak y Libia.

Los filósofos que estudian la historia de las ciencias aseguran que los errores científicos no siempre desaparecen después de ser revelados. A veces hay que esperar hasta el fin de la generación que cometía esos errores. Ello permite que la verdad acabe imponiéndose al error. O sea, con el paso del tiempo la verdad conserva un poder explicativo mientras que el error lo pierde.

Ya en 2001, terminaba yo mi análisis advirtiendo sobre una inminente generalización de las leyes liberticidas. Rechazaba la presentación de Al-Qaeda como una organización terrorista antioccidental y señalaba, por el contrario, que se trataba de un medio de mercenarios árabes utilizados por la CIA en diferentes conflictos –contra los soviéticos en Afganistán, contra los serbios en Bosnia Herzegovina y Kosovo y contra los rusos en Chechenia– conforme a la estrategia trazada por Zbignew Brzezinski. Y finalmente anunciaba la inminente invasión contra Irak y el rediseño del Medio Oriente al que aspiraban los neoconservadores, ya por entonces aliados de Kissinger. En aquel momento, la prensa de referencia ridiculizó mis análisis en cuatro aspectos esenciales.

- El principal diario francés Le Monde explicaba que Estados Unidos nunca atacaría nuevamente Irak porque ya había zanjado el problema con la operación «Tormenta del Desierto» y que sólo mi rabioso antiamericanismo podía llevarme a creer lo contrario.
- Le Monde Diplomatique explicaba en tono doctoral que yo no sabía absolutamente nada de política estadounidense porque me imaginaba que existía una alianza entre los neoconservadores y Kissinger.
- El diario estadounidense Washington Post nos alimentaba con infinitos detalles sobre el omnipresente complot islamista mundial que yo me negaba a tomar en cuenta porque me cegaba la presencia árabe en Francia.
- Y el New York Times elogiaba la Patriot Act y la creación del Departamento de Seguridad de la Patria, a las que sólo podía oponerse un pacifista europeo heredero del espíritu del pacto de Munich.

Sin embargo, 10 años después, cualquiera puede comprobar que, sobre cada uno de los 4 puntos de mi análisis político que fueron impugnados, era yo quien tenía la razón y que mis detractores estaban equivocados. Ahora tratan de dar marcha atrás reconociendo que la administración Bush «utilizó»el 11 de septiembre para imponer su propia agenda.

Y con el tiempo acabarán reconociendo que no soy un adivino que predijo por casualidad un futuro que ellos no fueron capaces de prever, sino que un riguroso análisis político permitía comprender desde aquel entonces que los gestores del 11 de septiembre tenían intenciones de aplicar aquella agenda.

Ahora que la OTAN acaba de poner a los compañeros de armas de Ben Laden en el poder en Trípoli, la comprensión del 11 de septiembre resulta más indispensable que nunca para identificar los verdaderos peligros que se ciernen sobre la paz mundial y ser capaces de enfrentarlos.

¿Cómo es posible no ver que las personalidades que hoy ponen tanto énfasis en la conmemoración de este aniversario respaldarán mañana nuevas guerras en el Medio Oriente y en el norte de África?

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