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lunes, 25 de abril de 2011

“El Chapo” avanza

Sergio Sarmiento
Jaque Mate
“El Chapo” avanza
“El enemigo de mi enemigo es mi amigo.”
Máxima popular

Las organizaciones criminales “se están desbaratando, se están pegando fuerte, sobre todo en el noreste del país”. Estas palabras las pronunció el secretario de Marina, Francisco Saynez, el pasado 20 de abril.
Efectivamente, la guerra entre el Cártel del Golfo y Los Zetas está debilitando a las dos organizaciones. Los Zetas eran el brazo armado de este cartel, pero ahora son sus acérrimos rivales. Las matanzas de inmigrantes y otros inocentes secuestrados en las carreteras tamaulipecas son el síntoma más doloroso de esta guerra que ha diezmado a las dos organizaciones.
Esto no significa, sin embargo, que esté disminuyendo el consumo o el tráfico de drogas. Tampoco la violencia está cayendo, como vemos en la diaria y macabra acumulación de muertos. Más bien, como señala el informe Mexican Drug War 2011 Update del 21 de abril, de la consultora Stratfor Global Intelligence, el debilitamiento de las organizaciones del este del país está permitiendo el fortalecimiento y expansión del Cártel de Sinaloa de Joaquín “El Chapo” Guzmán.
El trabajo de los sicarios de Sinaloa, así como el de las autoridades federales al detener a miembros de la banda de los Arellano Félix, ha dejado ya a Tijuana en manos del “Chapo” Guzmán. La plaza ha registrado un notable descenso de la violencia como consecuencia de la eliminación de los rivales del “Chapo”.
Vicente Carrillo Fuentes, jefe del cártel de Juárez, mantiene todavía un tenue control sobre Ciudad Juárez y el resto de Chihuahua, pero, al parecer, está perdiendo terreno ante el embate de los operadores del “Chapo”.
La banda de los Beltrán Leyva, originalmente parte del Cártel de Sinaloa, ha sido duramente golpeada por el Ejército y la Marina. Los integrantes de la organización acusaron al “Chapo” de haber delatado a Alfredo Beltrán Leyva, detenido en enero de 2008, y por eso se han enfrentado a su antiguo jefe. Las autoridades, sin embargo, han seguido asestando golpes contra la familia. Arturo Beltrán Leyva fue muerto por la Marina el 16 de diciembre de 2009 en Cuernavaca. A Carlos se le detuvo el 30 de diciembre en Sinaloa. Édgar Valdez Villarreal, “La Barbie”, uno de los principales operadores, fue detenido el 30 de agosto del 2010. Sergio Villarreal Barragán, “El Grande”, cayó el 12 de septiembre de 2010. Como suele ocurrir cuando se detiene o mata a los líderes de una banda, la de los Beltrán Leyva se ha dividido. Hoy el Cártel del Pacífico Sur y el Cártel de Acapulco, enfrentados entre sí, tienen a miembros de la vieja banda.
La Familia Michoacana, una extraña organización de tintes religiosos, se ha dividido también. Un grupo anunció la supuesta disolución de La Familia en enero de 2011; pero una nueva organización surgida de ella, conocida como los Hermanos Templarios, ha estado operando en el territorio. Otro grupo sigue actuando con el nombre original.
El gran ganador de todo esto ha sido el Cártel de Sinaloa, que no sólo ha consolidado su control sobre el estado de su nombre sino que ha conquistado Tijuana y avanza en Durango, Chihuahua y el sur del país.
¿Significa esto que el gobierno ha protegido al Cártel de Sinaloa? No necesariamente. El 21 de julio del 2010, de hecho, el Ejército mató a Ignacio Coronel, uno de los lugartenientes más importantes del “Chapo”. Sin embargo, el éxito en el combate contra otros grupos ha ayudado a los sinaloenses.
Esto seguirá ocurriendo de manera inevitable. Mientras las acciones del gobierno no reduzcan el consumo o el tráfico de drogas, a lo más que pueden aspirar las autoridades al matar o detener a algunos capos es ayudar a sus rivales. Mientras esto ocurre, el daño colateral —las muertes de inocentes— se sigue acumulando de manera alarmante.

ACOSTUMBRADOS
Nos estamos acostumbrando. Cinco mujeres aparecieron degolladas en distintos hechos en el municipio de Acapulco. Pero ni estas muertes ni las anteriores ahuyentaron a los turistas que abarrotaron el puerto durante esta Semana Santa.

domingo, 24 de abril de 2011

El capo del PAN y Los Zetas



FOTO: Benjamin Flores

Joaquín El Chapo Guzmán, el jefe del cartel de Sinaloa.

Jorge Carrasco Araizag

MÉXICO, D.F.; 23 de abril (Apro).- En la “guerra a las drogas” de Calderón sí hay un claro vencedor: Joaquín El Chapo Guzmán, el jefe del cartel de Sinaloa. Pero la consolidación de esa victoria antes de que sus tácitos aliados panistas dejen el poder depende de lo que suceda con el cartel de Los Zetas.

El pasado jueves 21, la firma texana Stratfor, dedicada al análisis de inteligencia de los conflictos en el mundo, confirmó lo que muchos, de diversas maneras, han dicho en México desde hace tiempo, que El Chapo y el cartel de Sinaloa son los beneficiados de la violenta estrategia de Calderón.

Después de pasar como el narco del sexenio de Vicente Fox, a quien “se les escapó” del penal de Puente Grande en cuanto el primer panista llegó a Los Pinos, El Chapo es a ojos de todo el mundo el ganador hasta ahora de la campaña sangrienta propiciada por Calderón.

Más testarudos que los dichos del ocupante de Los Pinos de que su estrategia está dirigida a todos los carteles de la droga, los hechos revelan cada vez más la apuesta del gobierno panista por el modelo Sinaloa de narcotráfico.

Hay un acuerdo de facto: debilitar a las organizaciones rivales, reducir la violencia y luego entonces estabilizar de nueva cuenta el mercado ilegal de las drogas pero con un grupo hegemónico, el de Sinaloa.

Esa estrategia ha sido explícita por parte del cartel de Sinaloa, que en mantas desplegadas en varias partes del país le ha pedido a Calderón que le ayude a acabar con Los Zetas para acabar con la violencia.

Funcionarios de Calderón han hecho saber más o menos lo mismo al extranjero. En enero del año pasado, un “alto funcionario de seguridad” le dijo a la revista inglesa The Economist: que ni con 100 mil hombres del Ejército se podría detener al Chapo. En otras palabras: mejor ni dar esa pelea. Además, reconoció su capacidad de operación internacional y, cerca del elogio, dijo que se concentraba en el tráfico de drogas, a diferencia de otras organizaciones delictivas que atentan contra la sociedad.

Ahora, los informantes gubernamentales fueron más explícitos. Aunque la firma usó el término “aparentemente”, dice que el gobierno mexicano está dispuesto a continuar la actual guerra de desgaste entre los cárteles y dejar que el de Sinaloa se fortalezca como de hecho ha ocurrido durante el gobierno de Calderón.

Más clara no pudo ser la empresa en la que trabajan exagentes de seguridad e inteligencia estadounidenses: la desestabilización que comenzó en 2006 con la campaña anticárteles de Calderón rompió el equilibrio entre los grupos y creó vacíos de poder.

Añade: Con la posible excepción de Los Zetas, la fragmentación y vacíos de poder han debilitado o destruido algunos cárteles, mientras que el de Sinaloa no ha sido afectado y es el primer beneficiario.

Stratfor sistematiza los avances del Chapo en los pasados cuatro años: Primero, desplazamiento, aun no acabado, del cartel de Juárez para controlar la principal salida de drogas a Estados Unidos en la frontera con Texas.

Segundo, consolidación de su presencia en la costa del Pacífico, con el empequeñecimiento del cartel de Tijuana, una alianza con lo que resulte de la evolución de La Familia Michoacana y según estima una próxima “conquista” del puerto de Acapulco.

En tercer lugar, el reforzamiento de su presencia en el Golfo de México a través de su alianza con el cartel del Golfo al que refuerza en su batalla contra el cartel paramilitar de Los Zetas. Y como coronación, mayor presencia en la ciudad de México; es decir, en el centro político, económico y militar de México.

Es obvio que el gobierno calderonista no pretende acabar con los cárteles de la droga; sencillamente nadie en el mundo puede ni pretende terminar con el tráfico de drogas y el lucrativo mercado que significa.

Lo que queda, por tanto, es reducir lo más pronto posible la violencia. Pero no será fácil, por lo menos en lo que resta del sexenio y tal vez ya entrado el siguiente, pues la última palabra la tienen por ahora Los Zetas, el cartel que por su extracción militar es el más difícil de enfrentar.

jcarrasco@proceso.com.mx

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