Patricia Barba Ávila
¿Seremos capaces de evitar que esto se convierta en algo fatal, irreversible?
“Cuando se percate de que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias mas que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá, afirmar sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada.”
AYN RAND (1905-1982)*
“Te invitamos a reír más…” concluye una conocida comentarista de MVS…y, claro que sí, quién puede negar que la risa no sólo promueve la producción de endorfinas, sustancias que nuestro cuerpo produce y que no sólo fortalecen el sistema inmunológico sino que generan una sensación de bienestar al liberarnos del estrés cotidiano…
Igualmente, quién puede oponerse a las recomendaciones a las que se ha reducido la inmensa responsabilidad de la Secretaría de Salud y otras instancias oficiales cuando aconsejan a l@s ciudadan@s: “…no olvide acudir al médico”, “consuma frutas y verduras”, “abríguese bien”, etc etc etc, en un país donde un inmenso porcentaje de mexican@s no se puede dar el lujo ni de pagar una consulta médica, ni de adquirir productos que, como las frutas y las verduras, están fuera del alcance del salario miserable que perciben millones de trabajador@s …
Por supuesto que no podríamos estar más de acuerdo en que necesitamos reír más, que debemos alimentarnos bien, ir al médico, etc, etc… todos los seres humanos tenemos el inalienable derecho de ser felices o, por lo menos, vivir en un entorno que nos permita buscar momentos de felicidad. El asunto aquí es simple y, a la vez, complejo: ¿de quién depende la construcción del entorno, de las condiciones en las cuales se desarrolla nuestra existencia?
El contrato social que no es otra cosa que el pacto establecido entre gobernados (mandantes) y gobernantes (mandatarios, ergo, los que obedecen), se establece para que los que producimos la riqueza, aportemos en forma de impuestos, cierta cantidad de dinero con el fin de que sea invertido en servicios e infraestructura que sirvan, precisamente, para la construcción del entorno en el cual podamos cristalizar nuestras aspiraciones a una vida feliz, digna, que es finalmente, por lo que luchamos los que no queremos seguir siendo muertos en vida o convertirnos en ellos.
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